La homosexualidad en la Biblia: ¿Qué enseñan realmente las Escrituras?

La homosexualidad en la Biblia: ¿Qué enseñan realmente las Escrituras?

The Apostle Paul preaching the Gospel to a crowd in a first-century city

Pocas preguntas llegan con tanta frecuencia a pastores y líderes de iglesias como esta: “¿Qué dice realmente la Biblia sobre la homosexualidad?”. La pregunta aparece en conversaciones entre jóvenes, en consejerías pastorales y en debates familiares, y rara vez viene sola. Junto con ella surgen otras: ¿Dios odia a quienes son homosexuales? ¿Sodoma fue destruida por causa de esto? ¿Existe perdón para quienes ya han vivido en este pecado?

Este artículo responde a estas preguntas recorriendo el texto bíblico de principio a fin, desde la creación en Génesis hasta las cartas de Pablo. La propuesta no es comentar opiniones de un lado u otro, sino mostrar lo que dicen las Escrituras, con la referencia de cada pasaje citado.

La sexualidad humana comienza en la creación

Antes de cualquier prohibición, la Biblia presenta un propósito. En Génesis 1, el ser humano es descrito como la única criatura hecha a imagen de Dios, y esa imagen aparece expresada en dos: hombre y mujer.

“Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27, NBLA)

Génesis 2 profundiza esta idea al narrar la formación de la mujer a partir del hombre y describir la unión entre ambos como una nueva unidad:

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24, NBLA)

Siglos después, cuando Jesús fue cuestionado sobre el divorcio, volvió precisamente a este texto para explicar el diseño original del matrimonio:

“¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?” (Mateo 19:4, NBLA)

Este detalle es importante: cuando Jesús quiso hablar sobre el matrimonio, no creó una explicación nueva. Volvió a Génesis. Para la interpretación tradicional de las Escrituras, esto establece la base desde la cual se leen los demás textos sobre sexualidad.

Sodoma y Gomorra: el episodio más citado del Antiguo Testamento

Ningún pasaje genera tanta investigación sobre este tema como la destrucción de Sodoma, en Génesis 19. Dos ángeles, en forma humana, visitan la casa de Lot, y los hombres de la ciudad rodean la casa exigiendo tener relaciones con los visitantes:

“Trae a los hombres que han venido a ti esta noche, para que los conozcamos.” (Génesis 19:5, NBLA)

La ciudad es destruida con fuego del cielo, y el episodio es recordado en otras partes de la Biblia como símbolo del juicio divino.

Ezequiel, por ejemplo, menciona el orgullo, la abundancia de alimento y la falta de ayuda al pobre como pecados de Sodoma (Ezequiel 16:49), mientras que Judas 1:7 relaciona el juicio de la ciudad con la inmoralidad sexual y la búsqueda de “carne extraña”.

La interpretación más común dentro de la lectura tradicional une ambos elementos: un pecado social de arrogancia y un pecado sexual específico que el texto de Judas menciona directamente.

La sexualidad y la santidad en el Antiguo Testamento

La Ley entregada a Israel por medio de Moisés no separaba la vida religiosa de la vida cotidiana. El comportamiento sexual, la alimentación, la propiedad y el culto aparecían juntos como parte de un mismo llamado: ser un pueblo diferente de las naciones alrededor.

Dentro de este conjunto de instrucciones, Levítico trata directamente la relación sexual entre hombres:

“No te acostarás con varón como si fuera mujer; es una abominación.” (Levítico 18:22, NBLA)

El mismo mandamiento aparece poco después, ahora con la penalidad establecida por la Ley mosaica:

“Si alguien se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, ambos han cometido abominación.” (Levítico 20:13, NBLA)

Es importante notar que estos textos forman parte de un capítulo que también prohíbe otras prácticas sexuales como el incesto y el adulterio (Levítico 18:6-20), todas tratadas bajo el mismo principio de pureza exigido a Israel.

Lo que Pablo escribe en Romanos 1

En el Nuevo Testamento, uno de los textos más directos sobre el tema se encuentra en la carta de Pablo a los Romanos. El apóstol no comienza hablando de sexualidad, sino de una humanidad que conoció a Dios y decidió no glorificarlo:

“Pues aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias.” (Romanos 1:21, NBLA)

A partir de ese rechazo, Pablo describe una cadena de consecuencias. Dios los entrega a sus propios deseos, y entre los ejemplos mencionados están las relaciones entre personas del mismo sexo:

“Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza. De la misma manera también los hombres abandonaron el uso natural de la mujer y se encendieron en su deseo unos por otros.” (Romanos 1:26-27, NBLA)

El capítulo continúa y menciona otros comportamientos junto a estos, como envidia, homicidio, contiendas y desobediencia a los padres (Romanos 1:29-31). El argumento de Pablo es amplio: habla de una condición humana alejada de Dios, no de un único grupo de personas.

1 Corintios 6: la lista de pecados y la oferta de transformación

Corinto era una ciudad conocida por su inmoralidad, y la carta de Pablo a los cristianos allí refleja ese contexto. Al advertir a la iglesia sobre comportamientos incompatibles con el Reino de Dios, presenta una lista:

“¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales…” (1 Corintios 6:9, NBLA)

En esta lista aparecen juntos pecados sexuales, codicia y embriaguez (1 Corintios 6:10), recordando que el texto no presenta la cuestión sexual como una categoría separada.

Sin embargo, el versículo siguiente es el que da sentido a todo:

“Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11, NBLA)

El verbo está en pasado. Pablo escribe a una iglesia que incluía personas que habían vivido esas prácticas y que, según el texto, fueron transformadas.

La misma estructura aparece en 1 Timoteo 1:10, donde Pablo menciona a quienes practican relaciones homosexuales junto a mentirosos y secuestradores, nuevamente dentro de una lista mayor de comportamientos contrarios a la sana doctrina (1 Timoteo 1:9-10).

Lo que Jesús dijo sobre el tema

Jesús nunca menciona directamente la homosexualidad en los cuatro Evangelios. Esto no significa que guardara silencio sobre la sexualidad. Cuando fue cuestionado sobre el divorcio, reafirmó el patrón de Génesis: varón y mujer unidos en una sola carne (Marcos 10:6-8).

Al enseñar sobre el pecado, afirmó que el problema central del ser humano nace desde dentro:

“Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos…” (Marcos 7:21, NBLA)

Al mismo tiempo, los Evangelios muestran a un Jesús que se acercaba a personas rechazadas por la sociedad religiosa de su época: cobradores de impuestos, personas con historias morales cuestionadas públicamente y samaritanos.

Cuando fue criticado por comer con pecadores, respondió:

“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” (Lucas 5:31-32, NBLA)

Para la interpretación tradicional, estas dos verdades no compiten entre sí: Jesús mantiene el estándar moral de las Escrituras y, al mismo tiempo, se acerca a quienes viven fuera de ese estándar, ofreciendo arrepentimiento y no rechazo.

Todos necesitan la misma gracia

Un punto que atraviesa toda la Biblia, y que muchas veces se pierde en este debate, es que ningún pecado específico es tratado como más grave que otro frente a la necesidad de salvación.

Pablo escribe:

“Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” (Romanos 3:23, NBLA)

Esto incluye toda la lista de 1 Corintios 6:9-10, no solamente un elemento de ella. La respuesta bíblica al pecado nunca es solamente modificar comportamientos, sino una transformación de identidad:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; ahora han sido hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17, NBLA)

Verdad y amor: el equilibrio que la Biblia exige

Jesús resumió toda la Ley en dos mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo (Mateo 22:37-39). Él mismo explicó lo que ese amor implica:

“Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos.” (Juan 14:15, NBLA)

Según las Escrituras, el amor no significa aprobar cualquier conducta, pero tampoco significa desprecio o juicio arrogante.

La Biblia condena explícitamente la hipocresía de quien juzga el pecado de otro mientras ignora el propio (Mateo 7:3-5). El llamado bíblico, según estos textos, es presentar el estándar de Dios con humildad, reconociendo que quien habla también depende de la misma gracia.

Preguntas frecuentes

¿La Biblia condena solamente la homosexualidad o también trata otros pecados sexuales?
Los mismos capítulos que mencionan relaciones entre personas del mismo sexo también tratan el adulterio, el incesto y la inmoralidad sexual en general (Levítico 18; 1 Corintios 6:9-10), dentro de un estándar más amplio de santidad.

¿Sodoma fue destruida solamente por esto?
El texto de Génesis 19 describe directamente un intento de violencia sexual colectiva. Otros textos bíblicos, como Ezequiel 16:49, añaden el orgullo y la falta de compasión hacia el pobre entre los pecados de la ciudad. Ambas dimensiones aparecen en las Escrituras.

¿Existe perdón para quien ya vivió en este pecado?
Según 1 Corintios 6:11, sí. El perdón se ofrece en los mismos términos que para cualquier otro pecado mencionado en el capítulo: ser lavado, santificado y justificado en Cristo.

Conclusión

Al recorrer el texto bíblico de principio a fin, aparece una línea consistente: la sexualidad humana es presentada dentro del diseño de la unión entre varón y mujer establecido en la creación, y los textos del Antiguo y Nuevo Testamento tradicionalmente citados sobre el tema describen las relaciones entre personas del mismo sexo como contrarias a ese patrón.

Al mismo tiempo, la Biblia nunca presenta este pecado como una categoría separada de todos los demás. La misma carta que menciona este comportamiento también menciona la codicia, la embriaguez y la calumnia, y ofrece la misma respuesta para todos: transformación en Cristo, no exclusión.

“Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.” (Romanos 8:1, NBLA)

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